
Clara tiritaba y he tenido que cerrar la ventana mientras me enseñaba su habitación: muy bonita, con las paredes pintadas de azul, como a ella le gustan. Hemos acomodado un par de peluches sobre un estante y le he dicho que ahora con dos casas va a disfrutar el doble, aunque ella siempre baja la cabeza cuando le digo eso.
Regreso deslizando mis suelas sobre la humedad de las aceras, y al abrir la puerta de casa un viento gélido me silba desde la oscuridad. Enciendo todas las luces con un temblor dolorido, como de gripe, y pongo la radio a todo volumen.
Foto: Marian Torrejón '10
Las separaciones son así, gélidas, sobre todo para los niños.
ResponderSuprimirHe leído tu aportación al debate (estúpido e injusto, según mi parecer) que se ha creado en el blog de Fernando Valls, por lo que, estando bastante de acuerdo con tu postura, vengo a saludarte.
ResponderSuprimirUn abrazo.
Te lo agradezco de verdad, Raul. Encantada de conocerte y de haber descubierto tu blog.
ResponderSuprimirMarian.